The title
PERSPECTIVA
Voluntariado que transforma: la experiencia de un joven francés en Santa María de Nieva
Por Kevin Rufasto
Viernes 10 de julio de 2026 — Desde la Amazonía peruana, Quentin de Boisfosse, un joven voluntario francés de 21 años, acompaña la misión de una obra de la Compañía de Jesús en Santa María de Nieva. Su experiencia une servicio, aprendizaje e intercambio cultural, y muestra cómo el voluntariado puede transformar tanto a las comunidades como a quienes se dejan tocar por el encuentro.
Un viaje que nació del deseo de conocer y servir
A veces, una experiencia comienza con una intuición sencilla: el deseo de conocer otra realidad y dejarse interpelar por ella. Ese fue el punto de partida de Quentin de Boisfosse, un joven francés de 21 años, estudiante de Ingeniería Industrial en la ciudad de Lille, al norte de Francia, quien hoy vive una experiencia de voluntariado en Santa María de Nieva, en plena Amazonía peruana.
Su interés por el Perú nació de la admiración por su cultura y sus paisajes, que había descubierto a través de relatos e investigaciones personales. Su llegada a la Misión Jesuita se dio gracias al contacto de su madre, quien estudia teología con los jesuitas en París, lo que lo vinculó con la asociación francesa Servir. Desde allí comenzó un camino que lo llevaría a encontrarse con una realidad profundamente distinta, pero también profundamente humana.
Una misión vivida en el corazón de la Amazonía
Llegar hasta Santa María de Nieva fue ya una experiencia en sí misma. Desde Francia, Quentin emprendió un viaje de cuatro días que incluyó vuelos a Lima y Chiclayo, traslados en autobús hasta Jaén y, finalmente, un recorrido en camioneta hasta su destino final. Allí fue recibido por el equipo de la parroquia, una obra de la Compañía de Jesús que lo acogió con cercanía desde el primer día.
Su servicio cotidiano es diverso y dinámico. Acompaña la pastoral social, visita a personas mayores de la zona y participa junto al párroco en visitas a comunidades nativas para la celebración de misas. Muchos de estos traslados se realizan en chalupa, recorriendo los grandes ríos de la región, una experiencia que para Quentin ha sido tan desafiante como inolvidable. Además, dedica parte de sus tardes a colaborar en la ludoteca, compartiendo con niñas y niños de la comunidad a través del juego.
Aprender de una vida más sencilla y comunitaria
En este camino, Quentin ha descubierto una forma de vida más sencilla, más conectada con la comunidad y más atenta a lo esencial. Uno de los aspectos que más le ha impactado es la relación de respeto y sensibilidad que las comunidades locales mantienen con la naturaleza, una mirada muy distinta a la de las grandes ciudades europeas.
Compartir con los nativos y con los ancianos de la zona le ha permitido conocer realidades completamente nuevas y valorar la riqueza humana de la Amazonía. En ese encuentro cotidiano, no solo ha aprendido sobre otra cultura, sino también sobre otras maneras de habitar el mundo, de entender la vida y de construir comunidad.
Quentin define el voluntariado como una verdadera “aventura humana”, capaz de cambiar una vida y ampliar la mirada sobre la realidad. Su testimonio nos recuerda que servir no es solo dar, sino también recibir, aprender y dejarse transformar por el encuentro con los demás.
Una experiencia que transforma en ambos sentidos
Aunque Quentin ha llegado para ofrecer su tiempo, su energía y su disposición al servicio, reconoce que esta experiencia también lo está transformando profundamente. Para él, el voluntariado ha dejado de ser solo una ayuda concreta para convertirse en un ejercicio de humildad, escucha y apertura a otras perspectivas del mundo.
Su presencia aporta a la vida cotidiana de la misión, acompaña diversas tareas pastorales y fortalece un valioso intercambio cultural y humano entre Francia y el Perú. Pero, al mismo tiempo, esta vivencia ha llenado de sentido también a su familia, que ve en este camino una expresión concreta de compromiso, crecimiento y servicio.
Una invitación a dejarse transformar por el encuentro
Quentin define el voluntariado como una verdadera “aventura humana”, capaz de cambiar una vida y ampliar la mirada sobre la realidad. Su testimonio nos recuerda que servir no es solo dar, sino también recibir, aprender y dejarse transformar por el encuentro con los demás.
Para quienes dudan en dar este paso, su mensaje es claro: el voluntariado es una oportunidad para descubrir el mundo, aprender a compartir y crecer desde experiencias que marcan profundamente. En esa apertura al otro, también se construye esperanza.
KEVIN RUFASTO
Responsable de Comunicaciones en Misión Jesuita.
Compartir en:
© 2000-2025 Misión Jesuita